Reseña histórica

En los últimos años, los países de la región centroamericana han iniciado iniciativas para cambiar sus matrices energéticas. Esta situación se ha dado, por un lado, para reducir su dependencia de los combustibles fósiles, que siguen cubriendo por lo menos un tercio de la demanda de la energía en la región, causando contaminación ambiental y constantes aumentos en los costos de importación de los derivados del petróleo. Por el otro lado, la producción hidroeléctrica, que representa el 39.35% de la capacidad instalada, se ve afectada por el cambio climático y la escasez de agua. Además, el acceso a otras fuentes de energías renovables ya es una alternativa viable. Las tecnologías eólicas y fotovoltaicas, por ejemplo, hoy en día son rentables bajo las condiciones del mercado centroamericano.

La región tiene óptimas condiciones para la implementación de los diferentes tipos de energías renovables (solar, eólica, geotérmica y biomasa). Por otro lado, la industria, el comercio y las instituciones públicas pueden ahorrar energía a través de medidas de eficiencia energética. A pesar de eso, las iniciativas para proyectos de energías renovables y eficiencia energética (4E), no se han implementado todavía en la dimensión deseada. La razón principal de ello, es el clima de inversión y negocio deficiente, para ese tipo de proyectos. Falta, por ejemplo, un marco regulatorio adecuado, incentivos fiscales y acceso a financiamiento acompañado de asesoría de personal calificado, para planificar e implementar los diferentes proyectos.

Cada vez más, tomadores de decisión de la política y la economía, están conscientes de esta problemática. Los gobiernos de la región están tratando de mejorar el clima de inversión y negocio en proyectos 4E. Hasta ahora muchas de estas iniciativas se llevan a cabo a nivel de país de forma aislada y poco sistemática, y muchas veces, son desarrollados fuera del entorno de todos los actores involucrados en el sector.

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