Noticias

Discurso de Presidente de El Salvador, Mauricio Funes Cartagena, durante la VI Cumbre de las Américas

lunes, 16 de abril de 2012
Publicado por: Secretaría General del Sistema de la Integración Centroamericana
Fuente: Presidencia de la República de El Salvador

Señor Presidente de Colombia, Don Juan Manuel Santos,

Señores Presidentes y Jefas y Jefes de Estado y sus respectivas delegaciones participantes en esta Sexta Cumbre de Las Américas,

Señoras y señores,

Agradezco la hospitalidad de nuestro anfitrión, el Presidente Juan Manuel Santos, por la invitación a este encuentro presidencial y el cálido recibimiento en esta hermana tierra colombiana.

Esta cumbre pretende dar un paso adelante en el proceso de integración de nuestros países y eso expresa, sin lugar a dudas, el deseo unánime de los gobiernos y pueblo americanos.

En las tres últimas décadas vivimos a nivel continental un proceso de fortalecimiento de la democracia y la ampliación de la participación de las mayorías populares en la vida política, económica, social y cultural de cada una de nuestras naciones.

De la mano de estos procesos también se ha fortalecido el respeto de la soberanía y la no injerencia en los asuntos internos de los Estados.

Estoy convencido como sé que ustedes también lo están que solo en democracia se pueden alcanzar mayores y mejores niveles de calidad de vida para los pueblos.

Dentro de este contexto continental, y trayendo a colación nuevamente el lema que hoy nos congrega- Las Américas interconectadas como socios para la prosperidad-es que la ausencia de la hermana República de Cuba constituye una deuda histórica de este tipo de foros empresariales que debemos subsanar.

Cuba es parte inescindible del cuerpo y el alma latinoamericanos y miembro pleno por geografía, por derecho y por historia del continente americano.
Y para contribuir al bienestar del pueblo cubano y a su grandeza debemos promover su integración al proceso de unidad regional y continental.

De manera tal que El Salvador, como ya lo han hecho otras naciones de este hemisferio, aboga por la participación de pleno derecho de Cuba en esta Cumbre de Las Américas

Aspiramos, entonces, que en la próxima edición de esta Cumbre, la representación del hermano pueblo cubano pueda sumarse al esfuerzo de integración regional con el que todos estamos comprometidos
Señoras y señores:

El primer eje temático de esta Cumbre refiere a la problemática de la pobreza y la desigualdad.

En este punto, América Latina ha comenzado a andar un camino virtuoso, luego de las llamadas “décadas perdidas”.

Durante estas rigieron, en la mayoría de nuestros países, políticas neoliberales que primaron las leyes del mercado sobre cualquier ética social; que se valieron de la precarización del empleo y del vaciamiento patrimonial del Estado.

Con ese modelo económico y social nuestras naciones no crecieron sostenida ni significativamente.

Muy por el contrario, vieron crecer la pobreza y la inequidad, a punto tal de convertirnos en la región más injusta del planeta.

Pero desde la década pasada, una concepción distinta de la gestión económica y social de los Estados ha crecido en América Latina, por lo menos en buena parte de continente.

Es la visión que tiene a la lucha contra la pobreza, la exclusión y la desigualdad como ejes principales del crecimiento económico.

En buena parte del hemisferio occidental, se ha registrado un ritmo de crecimiento sostenido, se ha visto disminuir la pobreza significativamente y se ha achicado la brecha de la desigualdad social.

Millones de excluidos comenzaron a acceder a los bienes materiales e inmateriales y a niveles de consumo propios de los sectores medios.
Y con ese cambio se dinamizó la producción y el crecimiento de nuestros países.

Hoy vemos cómo aquellas viejas y erróneas recetas se aplican en algunos países europeos y cómo, una vez más, generan perjuicios para los asalariados y violencia social.

El fin de los privilegios y del uso patrimonialista del Estado por unos pocos que concentraron la riqueza y empobrecieron las sociedades es un factor necesario de este cambio hacia el futuro de América Latina.

Un futuro hacia el bienestar popular y la inclusión social de los más vulnerables y de las grandes mayorías.

Sin embargo, este crecimiento de la economía y esta mejora sensible de sectores que salieron de la pobreza no ha sido similar para todos los países.

Algunos de nosotros tenemos aún desafíos por delante, grandes desafíos cuya superación depende de nosotros mismos, de nuestra capacidad para ayudarnos mutuamente, de nuestra madurez para acercarnos más y para aplicar el principio de responsabilidad diferenciada.

Por supuesto que hay buenas razones para ser optimistas, pero también debemos de ser cautos.

Por ejemplo, los países de Centroamérica, debido a su mayor dependencia de la economía de Estados Unidos, han sentido con más fuerza el impacto negativo de la crisis económica y financiera de dicho país. Además, y a diferencia de los países de América del Sur, la región centroamericana no se ha beneficiado del aumento de la demanda internacional de materias primas por no poseer dichos recursos.

En algunos de nuestros países, persisten las desigualdades sociales y existe una fragilidad evidente, sobre todo en los logros relacionados con la reducción de la pobreza y en términos del crecimiento económico.

Por si fuera poco, otro fenómeno de magnitud continental afecta a nuestros pueblos y pone en peligro la institucionalidad misma de nuestros Estados.

Me refiero al crecimiento exponencial que ha tenido en las últimas décadas el accionar del crimen organizado y el narcotráfico.

Latinoamérica es hoy una cruda muestra del alto costo en vidas humanas que supone formar parte de las rutas de tránsito y también de consumo de sustancias ilegales.

Me refiero a un enemigo capaz de comprar voluntades y poderes no solo a nivel nacional, aisladamente en cada país, sino de manera transnacional.

Me refiero a fuerzas que movieron solo en el año 2008, según datos oficiales de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, hasta 100 mil millones de dólares, en contrabando de cocaína.

Eso es cinco veces el producto interno bruto de un país pequeño como El Salvador.

Son 100 mil millones de dólares que se insertan continuamente en la economía mundial a través del lavado.

Son 100 mil millones que contaminan nuestras empresas e instituciones, nuestro ciclo económico completo y que solo logra fortalecer las fuertes estructuras criminales que resguardan y alimentan.

Es dinero sucio que hoy implica que Centroamérica gaste el 8% de su PIB en seguridad, que convirtió a la región en un verdadero corredor de muerte y miedo y que ya empieza a ver sus costes en la calidad de vida de la población entera.

Ante estos datos, no podemos pensar ni por un momento que lograremos combatir estructuras de semejante tamaño y sofisticación sin una estrategia regional común. Y además, sin el apoyo de los Estados Unidos.

Se sabe que aproximadamente el 43% del consumo mundial de cocaína ocurre en Estados Unidos y Canadá. El 90% de esa cocaína transita por México y al menos el 42% pasa por Centroamérica.

Este consumo, como ya ha sido señalado, es el motor que mueve la producción, elaboración y tráfico de estupefacientes que se genera en nuestros países.

De manera que para que tengamos éxito en la buena batalla contra el crimen organizado y para recuperar la paz y la seguridad en nuestros países debemos contar con la participación plena de nuestro aliado en este esfuerzo, los Estados Unidos de Norteamérica.

No sólo en la labor de represión y lucha contra las organizaciones criminales, sino también en la prevención y control de las adicciones dentro de sus propias fronteras.

Esto, por supuesto, de la mano de los esfuerzos que cada uno de los países, como nación, hagamos en esta buena batalla.

El Salvador por su parte, en la franca guerra declarada a los carteles de la droga y las estructuras del crimen organizado ya está realizando acciones que están viendo sus frutos, con la baja en los niveles de violencia en el país.

Hemos incorporado a la Fuerza Armada a las labores de combate a la delincuencia, en apoyo a la labor de la Policía Nacional Civil, siempre dentro de los marcos que establecen la Constitución y las leyes vigentes.
Hemos puesto en funcionamiento una unidad especial antipandillas, especializada en el combate a estas estructuras.

Y de la mano de un entendimiento entre las principales pandillas que operan en el país, hemos logrado reducir en las tres últimas semanas a más de la mitad la cantidad de homicidios que estos grupos criminales venían cometiendo en el país.

Solo ayer, después de años en que la cifra de asesinatos llegaba a niveles alarmantes de hasta 18 crímenes por día, no tuvimos un tan solo homicidio en todo el país.

Pero a la par, somos conscientes de que sociedades con alto nivel de pobreza, exclusión e injusticia son propicias para la expansión de las actividades criminales.

En el caso de la región centroamericana, tal vez la de mayor nivel de desigualdad del planeta, nuestras juventudes deben emigrar hacia otros países, especialmente EEUU, para buscar oportunidades que no encuentran en su propia patria o bien ingresan a las pandillas y organizaciones criminales para obtener ingresos que no encuentran por la vía del trabajo que se les niega.

Si la lucha contra la pobreza y la exclusión es un motor del crecimiento económico, también lo es para el combate a la criminalidad.

Por ello, proponga en esta sexta edición de la Cumbre de Las Américas, que nos comprometamos a trabajar por la construcción de un nuevo modelo económico y social más justo y equitativo.

Un nuevo modelo que se fundamente en la inversión productiva y no en el consumo superfluo y en la especulación. Un nuevo modelo que base su competitividad en las ganancias de productividad y no en los bajos salarios.

Un nuevo modelo que sea compatible con el cuido y preservación de
nuestros recursos.

En fin, un nuevo modelo productivo, eficiente, competitivo e inclusivo en el que en alianza con el sector privado trabajemos en el fortalecimiento de la democracia y el desarrollo con justicia social.

Sin embargo, insisto una vez más, serán decisivos los esfuerzos que hagamos como región unida, integrada por el objetivo común de acabar con este fenómeno que se cobra decenas de miles de vidas en todo el continente.

Por ello, cuanto más se hable de este tema; cuanto más se debata; cuanto más tiempo, esfuerzos, dinero e inteligencia se inviertan en esta buena batalla, más cerca estaremos de garantizar la paz y la seguridad de nuestro continente.

Fortalecimiento democrático e institucional, lucha contra la pobreza y la desigualdad y batalla contra la criminalidad, son prioridades que nos unen.

Señoras, señores:

Tenemos el derecho, como ya algunos de mis colegas lo han planteado, a revisar y explorar nuevas alternativas para combatir la expansión acelerada del narcotráfico y el crimen organizado transnacional, sobre todo, a la luz de los resultados obtenidos en las ultimas décadas en esta batalla.

Pero cometemos un error cuando aseguramos sin mayor distinción y sin los matices debidos, que la estrategia hasta ahora implementada ha fracasado, cuando en algunos de nuestros países ni siquiera la hemos intentado.

Como hablar de fracaso de la represión del delito si este esfuerzo ha sido impulsado por instituciones corroídas por el crimen organizado. Por policías, ministerios públicos y órganos judiciales corrompidos y por tanto, padeciendo una evidente fragilidad institucional.

Como asegurar que la prevención ha fracasado si nuestras políticas sociales no han estado integradas, como parte esencial, de nuestras políticas económicas.

Ayer, ante un numeroso grupo de empresarios convocados a esta Cumbre, decía que el paradigma que nos ha regido por años de que ¨la mejor política social es una buena política económica¨ ha sido correcto pero incompleto.

Más bien habría que decir que para que una política económica tenga éxito debe tener a la base una coherente y sostenida política social que supere las desigualdades existentes y la vulnerabilidad que padecen grandes grupos poblacionales de nuestros países.

Hemos fracasado en el intento de ofrecer empleo y oportunidades a nuestros jóvenes que desgraciadamente han caído bajo las garras de los grupos criminales o de las pandillas, como ocurre en El Salvador y en buena parte de Centroamérica.

Como región hemos consensado una estrategia de seguridad basada en cuatro pilares fundamentales, como son: el reforzamiento de la represión del delito, el fortalecimiento en la investigación del delito, el reforzamiento de los programas de prevención y la reconstrucción de nuestra frágil institucionalidad, donde, como decía ayer el amigo y colega presidente Felipe Calderón, el Estado no se vea sobrepasado por el crimen organizado y ocupe cada vez más los territorios que en su defecto controlan las bandas criminales.

Démosle una oportunidad a esta estrategia conjunta y pongámosla a prueba antes de intentar otras rutas o de caer en el error de considerar que este es un problema que se resuelve enfatizando la vía penal como es el caso de la despenalización de la droga.

Exhortamos a la comunidad internacional para que contribuya con este esfuerzo y camino común que nos hemos trazado como centroamericanos y al que ya países amigos como Estados Unidos, Canadá, España y Australia anunciaron su participación.

Agradezco la atención brindada y hago votos para que cuando nos volvamos a reunir esté entre nosotros la hermana delegación cubana; estemos más lejos de la injusticia y la desigualdad y hayamos avanzado en nuestra lucha contra las bandas criminales que operan en el continente.

Muchas gracias.


Otra Información Relacionada

Comentarios del Secretario General del SICA sobre la Cumbre de las AméricasComentarios del Secretario General del SICA sobre la Cumbre de las Américas
Noticias | Fuente: SG-SICA | Publicado por: SG-SICA | lunes, 16 de abril de 2012