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Historia

Para cuando se llega la mañana sabatina del 15 de septiembre de 1821, las provincias coloniales españolas de la Capitanía General de Guatemala – o Reino de Guatemala, como se autodenominaba- habían vivido ya una intensa década a favor de la emancipación política de la corona imperial ibérica.

Pero también no era menos cierto que esos diez años comprendidos entre el 5 de noviembre de 1811 y esa histórica fecha solo eran el resultado de un proceso mucho más largo, en el cual había existido una serie de factores mundiales y locales de fuerte y decisiva influencia.

Ideas liberales y humanistas procedentes de los procesos revolucionarios sufridos en Estados Unidos (1776) y Francia (1789) se habían unido con las debilidades del régimen del rey ibérico Fernando VII, preso y exiliado en suelo galo además. Además no hay que olvidar que oleadas de conocimientos científicos y filosóficos procedentes de las más preclaras mentes de la Ilustración hicieron nido en muchas cabezas centroamericanas, a través de las aulas de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo, en las ciudades de Santiago de los Caballeros- ahora Antigua Guatemala- y Nueva Guatemala de la Asunción.

Gracias a todas estas gestas libertarias, una nueva cosmovisión y un sentimiento criollo de nacionalidad fueron gestados, especialmente entre guatemaltecos, salvadoreños y hondureños, pues la distancia geográfica mantuvo bastante alejados de todo este proceso libertario a nicaragüenses y costarricenses, al grado tal que no existe ninguna firma de patriotas de estos dos territorios en el Acta de Independencia de 1821.

Por las limitaciones propias de las comunicaciones existentes a inicios de la tercera década del siglo XIX, esos pueblos del sur de Centroamérica se dieron cuenta de la suscripción de tan importante documento emancipador hasta varias semanas más tarde, al final de las cuales tuvo lugar el levantamiento militar en San José, el 29 de octubre de ese mismo año.

La presencia de representantes de Nicaragua y Costa Rica en los orígenes políticos de las Provincias Unidas del Centro de América comenzó a ser efectiva tras el fin de la anexión al Imperio Mexicano del Septentrión –decretada en la ciudad de Guatemala, el 5 de enero de 1822, con apoyo de ambas provincias sureñas- y la instalación del primer Congreso Constituyente de la República Federal, en junio de 1823.

Así las cosas, hace 180 años Centroamérica nació a la historia independiente como la representación política solo de lo que en la actualidad se conoce como Guatemala – con sus territorios de Chiapas, Soconusco y la Alcaldía Mayor de Sonsonate-, El Salvador y Honduras. En realidad, un nacimiento común pero dividido al mismo tiempo, tanto en participación efectiva de los representantes de todas las provincias e intendencias como en intereses propios de los diversos grupos de intereses existentes en la región.

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